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22 Enero, 2007 

EN FUERTEVENTURA MARIA EUGENIA MONZÓN PERDOMO DICTO UNA CONFERENCIA SOBRE "El Largo Camino de la conquista de la Ciudadanía.Mujeres y Participación en Canarias" DENTRO DEL AULA "HACIA UNA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA"







El pasado 14 de Noviembre en Tiscamanita, Fuerteventura , La Doctora en Historia, Profesora de Historia Moderna en la Universidad de La Laguan y Miembre del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres,Maria Eugenia Monzén Perdomo , dictó la conferencia " El Largo Camino de la conquista de la Ciudadanía.Mujeres y Participación en Canarias", dentro del Aula "Hacia una Democracia Participativa", que la Fundación Canaria "Manuel Velázquez Cabrera" está impartiendo hasta el 24 de Marzo de 2007

Pincha en el enlace para acceder a la galeria fotografica * DEL AULA "HACIA UNA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA".







La Doctora Maria Eugenia Monzón Perdomo , nos ha remitido un resumen de su conferencia, que a continuación reproducimos:



El largo camino de la conquista de la ciudadanía. Mujeres y participación en Canarias.* Fundación Canaria Manuel Velázquez Cabrera.

Tiscamanita. Fuerteventura. Noviembre.2006

Introducción Establecer una relación estrecha entre el concepto de democracia y la participación social es ineludible en el modelo de sociedad que se ha venido conformando en nuestro entorno, donde el advenimiento de la democracia y su posterior consolidación no supuso en ningún momento el fortalecimiento de los vínculos entre la sociedad civil y nuestros políticos democráticamente elegidos para que llevaran el timón de los asuntos públicos que nos afectan a todos y todas. Es importante, en estos momentos de madurez democrática en el Estado español, pararnos a reflexionar sobre el papel que debe jugar la sociedad, es decir, todas y todos nosotras/os, en el modelo social, económico, político, etc. que se está construyendo, en muchas ocasiones al margen de nuestras opiniones, o lo que es peor, en contra del sentir mayoritario de la ciudadanía.

En el mundo que nos ha tocado vivir cada vez más ser un simple ciudadano/a no sólo no tiene un sentido despectivo sino que se convierte en una marca de privilegio.

Y como tal, los privilegios que se obtienen con la marca de ciudadano no han estado históricamente al alcance de todos los grupos humanos, ni lo están en la actualidad. Consciente de que son muchas la situaciones que podríamos contemplar en este apartado de los excluidos, yo me centraré esta tarde en presentarles a uno de ellos, el constituido por las mujeres.

En un mundo de creciente feminización de las emigraciones, de la pobreza, de la precarización del trabajo y de la internacionalización o globalización de la economía, el acceso de las mujeres a la ciudadanía deviene en un problema urgente.

Pero el concepto de ciudadanía es tan viejo como la política misma. Y para las mujeres la consecución de la ciudadanía se ha convertido a lo largo de la historia en un problema de inclusión o exclusión de determinadas esferas. En esta lucha por la inclusión como ciudadanas de primera, la teoría feminista ha tenido una implicación, no sólo teórica, sino también práctica. Poner de manifiesto la parcialidad de la ciudadanía universal y poner de manifiesto la necesidad de extenderla de manera que las mujeres no queden excluidas como “ciudadanas de segunda clase” o “segundo sexo” ha sido uno de los retos de la teoría feminista.

De ahí que los lenguajes de la ciudadanía en el debate feminista haya que entenderlos histórica y conceptualmente en el contexto de la reclamación y, al mismo tiempo, construcción de la ciudadanía. Lo que significa, fundamentalmente, que la discusión no se produce o se reduce a una cuestión estadística de presencia o ausencia sino que afecta a la historia y naturaleza de la ciudadanía a la relación interna entre género y ciudadanía. Para desarrollar estas ideas trataré de seguir el presente esquema: ESQUEMA

1. Introducción 2. Mujeres y Participación grandes hitos históricos - La Revolución Francesa - Sufragismo - La España del franquismo - Los años 60. La contestación al Régimen 3. Participación de las Mujeres en Canarias 4. Presencia institucional de las mujeres en Canarias - Parlamento de Canarias. 20 años de Gobierno Autónomo (1983-2003) - Elecciones Generales de 2004 - El efecto Zapatero 5. Presencia de las mujeres en otras instancias de poder 6. Posibles explicaciones al fenómeno 7. Medidas para paliar las dificultades de acceso de las mujeres a la política: la lucha por la paridad.

MUJERES Y PARTICIPACIÓN La Revolución Francesa y el Primer Feminismo Ilustrado La reivindicación de las mujeres a disfrutar de la plena ciudadanía surge de forma organizada a partir de las ideas ilustradas y su participación en la revolución francesa. El siglo XVIII en el que se plantea que las formas de gobierno podían ser sometidas a la idea de contrato y pacto y cambiar radicalmente y acabarse la legitimación divina del poder comienza a fraguar la idea de la ciudadanía, ese mismo siglo XVIII ve nacer el feminismo como teoría política, que plantea como punto de partida que el sexo no debe excluir a ningún ser humano de nada que se considere un bien, ni de nada que se considere un derecho. La Revolución francesa dará pie a la participación activa de las mujeres, las encontramos en las movilizaciones ciudadanas, algunas de ellas protagonizadas únicamente por las mujeres (marcha sobre Versalles), pero también las ideas de la revolución LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, permitirán a las mujeres intentar renegociar el contrato social con los varones, el articulado de la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano, pondrá de manifiesto que una vez más las mujeres serán excluidas de ser consideradas como iguales.

Pero también es un momento de efervescencia política para las mujeres que les permitirá elaborar sus quejas a la nación y proponer formulaciones inclusivas para las mujeres, en esta línea encuadramos la Declaración de los derechos de las mujeres y las ciudadanas de Olympe de Gouges.

También de finales del siglo XVIII es el libro de Mary Wollstonecraft Vindicación de los derechos de las mujeres en el que hace un llamamiento al reconocimiento de los derechos de las mujeres como una razón de JUSTICIA.

Ese primer feminismo es el que empieza a llamar privilegio a lo que siempre se había pensado como la naturaleza misma de las cosas y la voluntad divina.

El Feminismo Sufragista Desde entonces, las mujeres han tenido que polemizar en primer lugar por el reconocimiento de la ciudadanía para las mujeres, de ahí pasamos al feminismo sufragista que a lo largo de 80 años luchó para conseguir una parte emblemática de la ciudadanía: el derecho al voto. En estos años de resistencia las sufragistas emplearon todas las estrategias que tenían en sus manos para conseguir sus objetivos. Un movimiento político radical que se enfrenta con las retrogradas ideas acerca de la inferioridad femenina que les impide el acceso a la participación en la vida pública.

La lucha se extendió por Europa y América y los resultados de la misma se fueron evidenciando paulatinamente (Reino Unido en 1918, Francia 1944, Japón, 1945, Suiza: 1971).

Puede llamar poderosamente la atención como en Francia, cuna del republicanismo y de la defensa de los derechos del ciudadano desde la Revolución Francesa, como veíamos anteriormente, el reconocimiento del primero de los derechos de ciudadanía para las mujeres tardara tanto tiempo en concretarse, en la Francia del siglo XIX los debates entre las sufragistas y políticos de todo signo alcanzó cotas memorables, baste con el ejemplo de la polémica mantenida en 1849 entre el socialista Pierre –Joseph Proudhon y la candidata feminista a la legislatura Jeanne Deroin; el primero objetó con firmeza la candidatura de Deroin utilizando la siguiente afirmación: “Una mujer legisladora tiene tanto sentido como un hombre nodriza” A lo cual respondió la candidata “Muéstreme que órgano se necesita para legislar y le doy el debate por ganado” Lo que este debate evidencia es que lo que estaba en juego no era la capacidad de una mujer concreta para ejercer un trabajo determinado, sino que la diferencia sexual descalificaba automáticamente a las mujeres. En el Estado español se consiguió el voto femenino en 1931, acompañado también de una dura polémica. No puedo sustraerme a hacer una mención especial a la obtención del voto femenino en España ya que este año precisamente celebramos el 75 aniversario de este hito para las mujeres en la Historia. La obtención del voto femenino en España tiene un nombre propio Clara Campoamor, de la que muchas/os de ustedes habrán oído hablar y que usó como eslogan en su campaña una frase que actualmente no nos mece importancia por estar plenamente asumido: “Una Mujer un Voto”. Gracias a su ardorosa defensa de la capacidad de las mujeres la constitución aprobada en 1931 recogía el siguiente artículo: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes” Considerando la evolución, el proceso en el Estado español no estuvo mal, pero de poco nos sirvió ya que bajo la dictadura franquista ese derecho fue interrumpido para las mujeres. Durante el franquismo había un simulacro de elección que eran los representantes a cortes por el Tercio militar, sólo los varones votaban a estos representantes.

El Franquismo Por tanto, las posibilidades de las mujeres de participación política en la historia reciente del Estado español tenemos que vincularlo a las últimas décadas de la dictadura franquista y los años de la transición española. El franquismo había impuesto una concepción patriarcal muy rígida del lugar que las mujeres debían ocupar en la sociedad que conjugaba principios religiosos, nacionalistas y concepciones muy tradicionales acerca de la mujer, haciendo imposible la meta de la igualdad. El franquismo supuso para las mujeres la vuelta a lo privado, al hogar, responsabilizándola nuevamente de la defensa y transmisión de valores tradicionales y conservadores, obligándolas a asumir una posición subordinada respecto al hombre y a dedicarse exclusivamente a sus deberes domésticos como esposas y madres. Durante el franquismo se vuelve a un modelo femenino según el cual la mujer es un ser inacabado que solo puede tener fin en otro ser, esposo, hijas e hijos, personas enfermas, y que aboca a la mujer a una dedicación hacia otras personas absolutamente abnegada e ilimitada que reprime su propia realización como ser humano individual e independiente.

La dictadura española creó un estereotipo de mujer basado en los valores tradicionales de madres y esposas que reflejaban los manuales del siglo XIX que hemos comentado con anterioridad. Dos serían las tareas asignadas a las mujeres en este periodo: la reproducción de los efectivos poblacionales y la educación-adoctrinamiento de los hijos en el ámbito familiar La consigna dada por el Caudillo de aumentar el numero de habitantes a 40 millones para alcanzar el rango histórico debía recaer, según los ideólogos, en las mujeres de la clase obrera, que de esta forma habrían de verse mayoritariamente relegadas de la producción y vinculadas inexorablemente a las tareas del hogar.

El propio ideario fascista recogía entre sus principios los siguientes: "luchamos por la religión y por la patria...no concebimos que una madre no sepa y, por tanto, no pueda enseñar el catecismo a sus hijos...Ya desde niña se ha de preparar a la mujer para que desarrolle en el futuro este papel decisivo en la transmisión de la ideología dominante y en el cuidado general de los hijos".

Los principios ideológicos que mueven el fascismo basados en la defensa de la religión y de la patria harán que su proyecto de vida para las mujeres estuviera vinculado al concepto más tradicional de familia, donde se entendía que la mujer debía subordinarse en todo momento al varón que, por ley natural, detentaba el más alto rango en el seno de la familia: "la vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, o disimular no es más que un continuo deseo de encontrar a quien someterse".

Esto se afirmaba en una revista de la época "Medina", según estas manifestaciones en la España de la posguerra damos un salto atrás en el tiempo situándonos en los valores familiares defendidos por la sociedad del siglo XVI, dejando de lado la evolución que se ha planteado en el siglo XIX.

En el proceso de reconstrucción del espacio doméstico, tras la contienda bélica, a las mujeres se les asigna un papel prioritario. Son ellas las encargadas de subsanar las deficiencias en el abastecimiento de lo más necesario, son ellas las responsables de propiciar un ambiente placentero a los demás miembros de la familia, son ellas en suma las que deben a base de sacrificios conseguir que la familia disponga de un hogar confortable: "una mujer juiciosa, diligente y cristiana es el alma de la casa; ella pone orden en los bienes temporales y en la salvación de las almas".

En este objetivo también se confía plenamente en la educación para crear los modelos perseguidos. En 1938 y ratificado posteriormente en 1945: "El Estado decreta por razones de orden moral y eficacia pedagógica, prescribe la separación de sexos y la formación peculiar de niños y niñas en la educación primaria" A partir de este principio de la enseñanza separada se permitió orientar a las niñas hacia una serie de conocimientos que la preparaban para la "vida del hogar, la artesanía e industrias domésticas".

En el marco de los agentes socializadores que influyeron en la difusión de este modelo se encuentran las congregaciones marianas de hijas de María, las ordenes religiosas femeninas y, por supuesto la Sección Femenina. Su discurso iba dirigido a exaltar el papel de la mujer como esposas y madres y garantizar la aplicación de la política natalista del régimen: "para la mujer la tierra es la familia; por eso la Falange además de darles a las afiliadas la mística que las eleva, queremos apegarlas con nuestras enseñanzas de una manera más directa a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, y darle al mismo tiempo una formación cultural suficiente para que sepa entender al hombre y acompañarlo en todos los problemas de la vida".

Como decían nuestras madres y abuelas a modo de consejo ante el matrimonio “al marido hay que saberlo llevar”.

Si estos era los principios que se inculcaban desde esta organización, no podemos deslindarlos del punto de partida de la fundadora de la misma. Decía Pilar Primo de Rivera: "...las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres nos dan por hecho...".

Afortunadamente la Sección femenina fue cayendo en desuso, a medida que la sociedad española fue cambiando, quedándose únicamente como un lugar donde se recuperaban las manifestaciones folklóricas que con el proceso de urbanización se estaban perdiendo.

La escuela, el púlpito y el discurso político fueron los instrumentos de socialización en los nuevos valores del régimen franquista.

Evidentemente cuarenta años de dictadura han dejado una notable secuela en la población española, y especialmente en las mujeres que han sido educadas en estos valores tradicionales. Las mujeres de la generación de mi madre, como ya lo hicieran nuestras abuelas y las abuelas de éstas aprendieron algo tan contradictorio como que la abnegación, el sacrificio y el servicio son algo gozoso.

El feminismo de Segunda Ola. Los Años 60 Partiendo de 40 años de ideología franquista, la incorporación de las mujeres al mundo, en general, fue lenta y no se produjo hasta los años 60.

El pensamiento y la práctica de las mujeres que en la década de los sesenta se ocuparon de lo que entonces se denominaba el “problema de la mujer” o la “condición femenina”, se debe vincular a: 1. A las profundas transformaciones estructurales que el proceso de industrialización y crecimiento económico estaba desencadenando en la sociedad española.

2. A las perspectivas de la lucha por la democracia articulada en amplios movimientos sociales que irrumpían en espacios visibles moviéndose en el margen existente entre la permisividad ante lo incontenible y la más dura represión ejercida por la dictadura franquista.

La ampliación de la demanda de mano de obra y el aumento de los niveles de escolarización contribuyeron a la crisis de legitimidad de un modelo de mujer, fomentado por el aparato ideológico del franquismo cuyo único destino era el matrimonio y la maternidad. Frente a la negación de derechos y la falta de libertades a que las constreñía la dictadura, las mujeres empezaron a organizarse, y las fuerzas democráticas de oposición tomaron cada vez más en consideración a este sector social susceptible de ser incorporado a la lucha general.

En la década de los 60 se crearon organizaciones de mujeres en torno al tema de los presos políticos, la carestía de la vida, las condiciones de vida en los barrios. Aparecieron también asociaciones de mujeres de carácter sectorial, grupos de estudio, y el tema adquirió una presencia en los medios de comunicación escritos: revistas legales y clandestinas, libros, etc.

El movimiento democrático de mujeres, surgido a mediados de la década, exigía en su programa una serie de medidas que favoreciera la incorporación de las mujeres al trabajo, el acceso a la enseñanza, el derecho a la atención sanitaria, control de la natalidad y la igualdad jurídica de mujeres y hombres. A partir de la década de los 70, si bien no existe todavía un movimiento de mujeres visible como tal, se inicia la renovación del discurso por la influencia de los textos e ideas llegados de los EE.UU. y Europa A partir de 1975 los tiempos de formación del movimiento feminista se aceleran, con la inminente caída del dictador tienen lugar las primeras Asambleas estatales de mujeres (Madrid, 1975, Barcelona, 1976), encuentros que eran a la vez espacios democráticos y de mujeres que conferían visibilidad al movimiento frente a la dictadura, pero también ante las fuerzas de oposición democrática, dándole el carácter de fuerza social autónoma. A finales de los 70 fue un hecho el reconocimiento de las mujeres en un movimiento propio que las situaba unas veces al margen de toda organización mixta, otras veces en la contradicción de defender el feminismo en su organización política a la vez que no creían poder proyectar sus aspiraciones de incidencia en la sociedad sólo a través de la relación entre mujeres.

Las peticiones del movimiento feminista en los 70, no se diferenciaban mucho de las que ya habían sido demandas democráticas de las mujeres en la década anterior, en particular en lo concerniente al trabajo asalariado, la socialización del trabajo doméstico, la educación, la legislación discriminatoria, pero incorporaban el derecho a la libre disposición del propio cuerpo concretado en la reivindicación de educación sexual, anticonceptivos a cargo de la seguridad social, legalización del aborto, supresión de la legislación que perseguía conductas como la homosexualidad y la prostitución.

Se añadían además una serie de denuncias relativas a diversos aspectos de la ideología patriarcal: la familia, la virginidad, el mito de la maternidad, la cosificación de las mujeres, etc, que se hacían eco del nuevo campo de reflexión abierto en el feminismo en el Estado español.

La aprobación de la Constitución de 1978 y la celebración de elecciones legislativas en 1977 y 1979 establecen una nueva división dentro del movimiento feminista. El establecimiento de un sistema político de democracia parlamentaria abría a las mujeres la posibilidad de actuar aceptando la Constitución y desde el parlamento o los ayuntamientos.

La participación en las instituciones democráticas dio lugar, en líneas generales, a una actuación política dirigida a conseguir la aplicación del principio de igualdad reconocido en la Constitución que desarrollaron sobre todo las mujeres pertenecientes al PSOE y al PCE, aunque conscientes de las limitaciones que su trabajo encontraba tanto en el parlamento como en sus propios partidos y manifestando la necesidad de que siguiera existiendo un movimiento de mujeres. En el área extraparlamentaria se encontraban mujeres, afiliadas a partidos o no, que habían cuestionado el texto constitucional, que no confiaban la representación parlamentaria como cauce para las aspiraciones feministas y que, por tanto, seguían centrando su trabajo en la organización y el fortalecimiento del movimiento feminista.

La década de los 80 presenta dos elementos nuevos con respecto a las anteriores. Por una parte, la existencia de los que se ha dado en llamar un feminismo difuso, es decir, la asunción por parte de la población femenina de algunas de las ideas y comportamientos propugnados por el feminismo, y de otra, la presencia de feministas en las instituciones y la existencia de una acción política de gobierno dirigida específicamente a las mujeres. El primero tiene que ver sin duda con el proceso de cambio en la experiencia de las mujeres del Estado español iniciado en los años 60, que ha dado lugar a lo largo de dos décadas, a una presencia de las mujeres en todas las esferas de la sociedad sin que se haya alcanzado, no obstante, una paridad entre los sexos en las mismas. La presencia del feminismo en las instituciones se ha dado sobre todo con la creación de organismos públicos de igualdad como el Instituto de la Mujer (1983), después de la victoria electoral socialista de 1982, y posteriormente de entidades similares en las autonomías. En el marco de la Comunidad Autónoma Canaria se crea en 1994.

No obstante, aunque la democracia española, que ya tiene un cierto curriculum, se pasa sin mujeres en puestos relevantes de gobierno, casi 10 años y cuando empieza a presentarlas, lo hace de una en una, esto es una ministra, dos ministras. El cambio radical se ha llevado a cabo a partir de las últimas elecciones con la conformación de un gobierno paritario que analizaremos posteriormente. LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES EN CANARIAS Los años de transición en Canarias corresponden al recorrido que hemos trazado para el Estado español, la reactivación del movimiento feminista en Canarias tiene un origen similar al movimiento del resto del estado, en la década de los 70, surgen las primeras organizaciones de mujeres en las islas, con planteamientos similares a los ya reseñados, en los años siguientes el movimiento feminista en Canarias se erige como el vocero de las reivindicaciones de las mujeres de las islas, la lucha por el derecho al divorcio en los años de la transición, por un trabajo digno para las mujeres, el derecho a disponer libremente de nuestro cuerpo fueron algunas de las peticiones encabezadas por el movimiento feminista de la década de los 70 y 80.

En este clima de visibilización femenina hemos asistido, en los últimos años, a una incorporación significativa de las mujeres a la esfera de lo público: - la demanda de un empleo - la incorporación a la educación. Con los datos de acceso a la universidad de La Laguna en el curso 2001-2002, de un total de 43 titulaciones, entre diplomaturas y titulaciones que oferta la universidad de La Laguna, en 28 de ellas son mayoría el número de mujeres matriculadas, en una hay empate y en 14 son mayoría los hombres. - La participación en colectivos de acción social.

En primer lugar hemos de reconocer que la participación de las mujeres se realiza de manera tímida en aquellas actividades que tiene más cercanas, Asociaciones de Vecinos y Vecinas, Asociaciones de Padres.

A las más jóvenes se les abre un abanico más amplio de participación en los llamados nuevos movimientos sociales: Asociaciones juveniles y universitarias han sido un campo abonado para la incorporación de las mujeres a la esfera de lo público y lo político; movimientos, pacifistas, solidaridad, ecologistas, antiglobalización y grupos específicamente de mujeres.

La insistencia del movimiento feminista en la incorporación de las mujeres a la sociedad ha hecho que en los últimos años aparezcan un sin fin de asociaciones y programas dirigidos a las mujeres, que han conseguido que muchas rompan el umbral de lo doméstico y participen en las actividades promovidas por las asociaciones o el propio ayuntamiento.

Esta organización de la sociedad civil ha ido creciendo a medida que se han ido afianzando los canales democráticos de participación ciudadana, y con ellos ha ido aumentando también la presencia de las mujeres en todos estos movimientos, en la actualidad podemos decir que el movimiento ciudadano está lleno de mujeres, que acceden cada vez más y con más confianza a los puestos directivos de las mismas y reclaman un espacio específico para las mujeres. Lo mismo ocurre con las asociaciones de padres en un principio, que han terminado reconociendo que en realidad son AMPAS, asociaciones de madres y padres, sobre todo, las primeras.

Son éstos ámbitos de participación preferentes para las mujeres, en ellas han encontrado un lugar privilegiado de encuentro donde compartir sus intereses y sus problemas más allá de los estrictos intereses familiares, las redes de ayuda mutua entre ellas han ido apareciendo de manera natural . Son también los espacios donde han ido ganando confianza y donde se han demostrado, a ellas mismas y a la sociedad, que son capaces de gestionar un espacio público, de conseguir cosas para la colectividad fuera del ámbito estrictamente familiar y doméstico. Más difícil ha sido la incorporación de las mujeres a las estructuras políticas, es un proceso más lento pero cada vez somos también más visibles en las estructuras sindicales y en los partidos políticos, sin ir más lejos en la actualidad las secretarías generales de los sindicatos CC.OO. y UGT están en manos de mujeres.

No obstante, independientemente de la naturaleza del movimiento en el que se tome parte, la participación política de las mujeres aumenta en la medida en que se integre en el conjunto de organizaciones intermedias entre el individuo y el estado. La experiencia constata que un alto porcentaje de mujeres que han tomado parte en lo público difícilmente “pasan” de la política.

Es un proceso de toma de conciencia, la participación de la índole que sea, la constatación de sus capacidades para gestionar un terreno colectivo, más allá de lo doméstico hace que las mujeres vayan adquiriendo conciencia de que ellas pueden y va arraigando la convicción de que lo pueden hacer mejor que los hombres, tanto por su eficacia en la gestión como por la mayor catadura moral que rodea al mundo femenino. Pero a pesar de todos los cambios operados en los últimos tiempos y del esfuerzo realizado por las mujeres para incorporarse a una sociedad que no se lo pone fácil, el proceso de visibilización de las mujeres no ha sido paralelo con su presencia en los cargos públicos, en las instituciones.

Estos 20 años de bagaje político de nuestra Comunidad Autónoma se ha realizado sin el justo reconocimiento a las mujeres, algo se ha avanzado desde las primeras elecciones autonómicas de 1983 hasta la última convocatoria de 2003, pero desde luego seguimos en la retaguardia en las instituciones.

PRESENCIA INSTITUCIONAL DE LAS MUJERES EN CANARIAS Tomando como ejemplo el Parlamento de Canarias, las elecciones al Parlamento de Canarias tienen lugar por primera vez en 1983 y ese va a ser el punto de partida de nuestro estudio estadístico, (basado en los datos en el momento de la elección) de los sesenta puestos de la Cámara parlamentaria, las primeras elecciones arrojaron un resultado de 1 mujer frente a 59 hombres, hecho que se vuelve a repetir 4 años después en los comicios de 1987 en que se obtiene idéntico resultado.

En la primera convocatoria la prensa se hace eco del hecho insólito de la participación de una mujer en el parlamento, no es un tono de denuncia ante la infra representación de las mujeres, es simplemente una anécdota más de la jornada electoral del 83, que deja de ser noticia curiosa 4 años después al repetirse el hecho que ni siquiera es reflejado por la prensa. En las posteriores convocatorias de elecciones la presencia de las mujeres va avanzando a paso lento en 1991 son 4 las elegidas, en 1995 aumentan a 7 y en 1999 se da el gran salto llegando a 17 las parlamentarias en la cámara autonómica. En esta ocasión es un hecho significativo que la prensa lo recoge, a lo cual hay que añadir que también la sociedad está más sensibilizada con los temas referidos a las mujeres.

Los datos son los suficientemente elocuentes como para comentarlos, no ha sido hasta el año 1999 en que se ha producido un leve despegue en la representación de las mujeres en el gobierno regional, aunque el porcentaje no supere el 30%, mientras que en las dos primeras legislaturas las mujeres eran la anécdota, la excepción a la regla.

Las últimas elecciones de 2003, tuvieron desde el punto de vista delas mujeres un importante preludio reivindicativo. La conformación de las listas electorales se vieron precedidas por una intensa campaña, auspiciada por las mujeres de los partidos políticos con representación parlamentaria, en la que se reivindicaba más participación para las mujeres. Esta petición se puso en marcha meses antes de la celebración de los comicios con una Proposición de Ley ante las Cortes Generales para que fuera modificada la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, al que se añade un apartado: “Las listas propuestas garantizarán la alternancia de géneros, en el orden de los candidatos” Esta iniciativa que los medios de comunicación han bautizado con el nombre de “Listas cremallera” ha levantado ampollas en los partidos políticos que se vieron obligados a apoyar dicha iniciativa, ante las presiones de sus militantes.

Sin embargo, la propuesta fue reformada en el propio parlamento, y la petición de la paridad se quedó en el reconocimiento de que ninguno de los sexos estuviera representado por encima del 60 % ni por debajo del 40%.

La batalla de las listas electorales fue claramente perdida por las mujeres de los partidos, ya que a pesar de salir a la opinión pública con una de las reivindicaciones fundamentales, es decir, ir colocadas en las listas electorales en puestos en los que tengan verdaderamente oportunidad de ser elegidas, lo cierto es que este criterio no se aplicó de manera generalizada. Haciendo un recuento de las listas electorales presentadas por los partidos con representación parlamentaria, de un total de 21, 9 han respetado el principio de la paridad, mientras que las 12 restantes no se han configurado siguiendo este criterio. Curiosamente el partido cuyas militantes no defendieron en el Parlamento la proposición de ley es el que ha conformado más candidaturas paritarias del arco parlamentario. De las 7 candidaturas al parlamento de Canarias conformadas por el Partido Popular 4 respetaron el principio de la paridad, mientras que las del Partido Socialista fueron 3 y Coalición canaria sólo 2. Esto ha arrojado el siguiente resultado, en los comicios del año pasado: 2003 Hombres 37 Mujeres 23 Fuente: Elaboración propia Todavía las mujeres siguen siendo el 38% de la cámara parlamentaria, por lo que se manifiesta una sobre representación de los hombres en la máxima institución de gobierno de las islas.

No obstante, el reparto de carteras dentro del gobierno se ha visto obligado a reconocer, la necesidad de dar paso a un mayor número de mujeres en las consejerías. Lo cual da una imagen mejor que la de legislaturas anteriores en las que no contaban con ningún rostro femenino.

Las Elecciones Generales de 2004 y el Efecto Zapatero

Las elecciones generales de este año, independientemente de los resultados locales, ha concluido con un hecho insólito en Europa. La composición de nuestro actual gobierno hace que se sitúe al mismo nivel que Suecia, el país más igualitario de Europa y probablemente del mundo. El Ejecutivo sueco está formado también desde hace años a partes iguales por hombres y mujeres, una situación que le mantenía en solitario, hasta ahora. Dentro de la UE que se distingue del resto del mundo por su mayor igualdad quedará por detrás de Suecia y España, Dinamarca, donde la proporción de ministras del Gobierno es del 43 %. A más distancia se sitúan ya (entre el 33 % y el 39 % de mujeres los ejecutivos de Finlandia, Holanda, Reino Unido, Alemania y Bélgica. Ningún Gobierno de la actual UE tiene menos de un 10 % de mujeres por encima de la media mundial, que está en torno al 7 %. Al igual que ocurre en toda Europa las mujeres ministras suelen ocupar las carteras de Igualdad, Sanidad o Educación pero ya hay multitud de excepciones. Las mujeres han ido cogiendo carteras inusuales para ellas y de gran responsabilidad: exteriores, , Defensa, Economía.

Sin embargo los gobiernos autonómicos todavía están a años luz de los avances conseguidos en el gobierno central.

PRESENCIA DE LAS MUJERES EN OTROS AMBITOS DE PODER Siguiendo un estudio de la Asociación de Mujeres Juristas Themis , podemos presentar los siguientes datos.

El poder Judicial CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL: Es el órgano de gobierno de los Jueces y Magistrados, está compuesto por 21 miembros que son elegidos por las Cámaras por mayoría cualificada. Solo dos de sus miembros son mujeres. TRIBUNAL CONSTITUCIONAL: Es el interprete supremo de la Constitución, tiene jurisdicción en todo el territorio español. Esta compuesto por doce miembros cuatro a propuesta del Congreso, cuatro a propuesta del Senado, en ambos casos por mayoría cualificada, dos a propuesta del Gobierno y los dos restantes a propuesta del Consejo General del Poder Judicial.







TRIBUNAL SUPREMO: Órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes, salvo en materia de garantías constitucionales, tiene competencia en todo el Estado Español. Sus miembros son nombrados por el pleno del Consejo General del Poder Judicial, esta compuesto por 88 miembros de los cuales 2 son mujeres.

Como se aprecia la presencia de mujeres en el órgano de gobierno de los Jueces y en los Tribunales de mayor rango es realmente escasa. Si tenemos en cuenta que en el año 2002 las mujeres representaban el 39 % del total de la judicatura, se constata un desajuste en la participación de las mujeres en los órganos superiores alcanzando como máximo el 23% lo que sucede en los Tribunales superiores de justicia. El porcentaje mas alto se encuentra en el Tribunal Constitucional que sus miembros son nombrados en parte en sede parlamentaria. Cuando el nombramiento depende del Consejo General del Poder Judicial el número de mujeres baja como ocurre en los miembros del Tribunal Supremo y con los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia en los que no existe ninguna mujer. Al efectuar este análisis debemos recordar que el nombramiento de las y los juristas que integran tanto el Consejo General del Poder Judicial, como el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo se efectúa de forma discrecional, sin embargo las y los juristas que compone los Tribunales Superiores de Justicia, a excepción de las y los Presidentes, se nombran teniendo en cuenta determinados baremos. Algunas asociaciones de jueces se han pronunciado sobre la necesidad de aplicar la paridad en los nombramientos de puestos en la judicatura

REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA Su misión es velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. El título de académico es vitalicio, cuando se produce una vacante, se convoca su provisión, las candidaturas deben ir firmadas por tres académicos de número y se tienen que aprobar por mayoría absoluta del pleno. Actualmente consta de 29 miembros, de los cuales hay una sola mujer

CONSEJO DE COORDINACIÓN UNIVERSITARIA Esta compuesto por los responsables de la enseñanza universitaria en los consejos de gobierno de las comunidades autónomas, los rectores de las universidades y 21 miembros elegidos entre personalidades relevantes de la vida académica, de los cuales siete son nombrados a propuesta del Congreso de Diputados, siete a propuesta del Senado y siete a propuesta del gobierno, su presidencia la ostenta en la actualidad la titular del Ministerio de Educación, cultura y deportes. Entre las personalidades relevantes elegidas sólo hay 1 mujer.

EL MUNDO EMPRESARIAL Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación. Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa. Se han escogido aleatoriamente seis empresas importantes de este país, para analizar la participación de las mujeres en sus Consejos de Administración. Es de destacar que en los Consejos de Administración de las grandes empresas la presencia de mujeres es prácticamente nula, incluso cuando determinado número de Consejeros son nombrados por la Administración del Estado.

LA BANCA Y CAJAS DE AHORROS Cabe destacar que la mayoría del personal que trabaja en el Banco de España son mujeres, sin embargo su representación en los puestos de decisión es casi nula. Se han analizado de forma aleatoria diversos Consejos de Administración de determinadas Cajas de Ahorros, que al menos una parte de sus miembros son elegidos por los Parlamentos Autonómicos. Los Consejos de administración de las entidades bancarias estudiadas, cuyos nombramientos dependen de la Administración Pública, están compuestos mayoritariamente por varones y la presencia de mujeres es mayoritariamente escasa, llegando en los Consejos de Caja Sur y de Caja de Castilla la Mancha a ser inexistente.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Son instrumentos imprescindibles para la transmisión de la información, debiéndose garantizar el acceso a los mismos respetando la realidad social. Se ha comenzado el análisis de los medios de comunicación por los periódicos, de tirada nacional.

POSIBLES EXPLICACIONES A ESTE FENÓMENO.

A pesar de la afirmación que hacíamos a lo largo de la presente exposición de la mayor participación de las mujeres en la sociedad en los últimos años, y la relación existente entre este fenómeno y la participación política, lo cierto es que el salto de un lugar a otro todavía son pocas las mujeres que se atreven a darlo.

Las razones de ello, han sido largamente debatidas y analizadas y todos ellos inciden en la multicausalidad, de un lado observamos algunas limitaciones que nos imponemos las mujeres y de otro las escasas facilidades, por no decir obstáculos o traspiés, que nos ponen los hombres.

Dentro de las dificultades que tenemos las mujeres para acceder a la política ocupan un lugar importante las auto impuestas. El miedo, la inseguridad, la autoexigencia hace que nos cuestionemos constantemente nuestras posibilidades y que dudemos de nuestras capacidades, la educación y lo que se esperaba de las mujeres hasta no hace mucho tiempo han ido conformando ese perfil generalizado a la mayor parte de nosotras.

Por otro lado, también hemos desarrollado unas habilidades que nos hacen aptas para la gestión y la organización, eludiendo en todo momento promocionar a los puestos de planificación y representación, estamos acostumbradas y nos sentimos cómodas ocupando un segundo plano, desempeñando funciones que no nos proporcionan el reconocimiento y la autoridad ante los demás. Las propias mujeres tenemos dificultades para reconocer la autoridad de otras mujeres cercanas y para ejercer ellas mismas las autoridad, no sólo por la falta de experiencia de estar en el primer plano, sino por la falta de referentes de lo que pueda ser una mujer con poder.

Ni la práctica, ni la literatura arrojan muchos modelos que conjuguen de manera adecuada los términos de mujer y poder o mujer y autoridad , y sobre aquellos que hay se ejerce la crítica más despiadada desde todos los sectores. Sobre aquellas que han gobernado con la autoridad típica masculina se cierne la “leyenda negra”, el ejemplo más significativo “La Dama de Hierro”.

Por otro lado, participar en política tiene para las mujeres altos costos, se impone un prototipo de mujer política, a la que se le exige un comportamiento masculino, el perfil habitual es el de mujeres solteras, divorciadas o casadas sin cargas familiares, es decir, la soledad sentimental es el precio que se exige a las mujeres que quieren ingresar en el club de los elegidos, ya que la política para las mujeres con cargas familiares supone una “profesión de alto riesgo” , en expresión de Cristina Molina.

Aquellas que se atreven a compaginar sus jornadas habituales, profesional y doméstica con la política se comprometen, en la mayor parte de los casos a asumir una jornadas más en su vida. Para sobrevivir a este esfuerzo estas mujeres deben educar a sus familias para convencerlas de que además de madres y esposas tienen otros intereses que ocupan tiempo de su vida y lo restan de la vida familiar, a ello hay que añadirle grandes dotes de organización para compaginar todas las esferas y autoestima para no sucumbir al chantaje familiar o a los sentimientos de culpabilidad por no dedicar todo el tiempo que debiera a sus quehaceres domésticos. Por si fueran pocas las censuras a las que nos sometemos nosotras mismas, nos encontramos con que el mundo de la política que conocemos es un mundo construido a imagen y semejanza de los varones, históricamente las mujeres hemos sido excluidas de los foros de discusión, de los lugares de toma de decisión, con lo que ellos han hecho las reglas de juego, los tiempos y modos de la política excluyen a las mujeres o nos obligan a optar entre lo público o lo privado. Las mujeres somos sistemáticamente excluidas de las redes informales de los hombres del partido donde se acuerdan pactos y se deciden nombramientos. No estamos acostumbradas a la política de los hombres, no tenemos ni tiempo ni ganas de “hacer pasillos”. Entre otras cosas porque las mujeres debemos organizar nuestro tiempo para ocuparnos de nuestras múltiples jornadas, mientras que la mayor parte de los hombres están liberados de una de esas responsabilidades, precisamente la que se desarrolla en los tiempos no reglamentados, mientras ellos van de copas para comentar las reuniones o quedan a comer para planificar una reunión posterior, nosotras hemos de ocuparnos de bañar y acostar a los niños/as o aprovechar el mediodía para aprovisionar la despensa.

Todo ello hace que la política y los partidos estén en manos masculinas, que sean ellos los que adopten las decisiones, hasta las que afectan a las mujeres del partido. En este sentido los partidos han utilizado sistemáticamente a las mujeres en función de las coyunturas políticas, en los primeros años de la democracia en que las reivindicaciones de las mujeres estaban apagadas por los años de dictadura, las listas se confeccionaban para dar cabida a la “mujer florero”, bajo la nueva promoción de las mujeres en los partidos, se sospecha el slogan de que la “mujer vende”. A pesar de las cuotas, muchas mujeres entienden que “la mujer cuota” va a ser una “mujer de ellos” y temen al fin que la mujer promocionada por los hombres del partido, basado en el interés de presentar una cara progresista, pueda convertirse en la abeja reina de todas las demás mujeres del partido.

El síndrome llamado de la Abeja reina lo padecen ciertas mujeres que han alcanzado altos cargos, tradicionalmente ocupado por hombres y puede definirse como la tendencia que muestran algunas mujeres a sentir que lo han hecho por sus méritos propios, sin ninguna consideración especial a su sexo, la tendencia de estas mujeres es a disociarse de su sexo y a no ser solidarias con los problemas de las mujeres.

Por otro lado, las mujeres en la política parecen tener una fecha de caducidad en la solapa, que hace que sean reemplazables e intercambiables en cada legislatura. No se trata de consolidar rostros ante la opinión pública, en cuanto una mujer apunta maneras e ideas propias es reemplazada por otra. Esta práctica ha sido analizada por Celia Amorós, filósofa feminista recientemente galardonada con el Premio Nacional de Ensayo por su obra La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias...para la lucha de las mujeres, con la identificación de que para el sistema patriarcal todas las mujeres no somos iguales, sino idénticas, por lo tanto, intercambiables unas por otra, da igual a la mujer que pongan con tal de que haya una representando al grupo. Mientras que para ellas funciona el relevo generacional, ellos se perpetúan en los mismos puestos, no tienen edad de jubilación; Mientras que a ellas no se les permite que adquieran un bagaje suficiente para consolidar una gestión y una práctica política, a ellos lo que se les valora es la experiencia acumulada y el buen hacer de los años. MEDIDAS PARA PALIAR LAS DIFICULTADES DE ACCESO DE LAS MUJERES A LA POLÍTICA: LA LUCHA POR LA PARIDAD

Hemos pintado un panorama bastante desolador, pero la conclusión debería ser la necesidad que tiene la sociedad de dar cabida a las mujeres en la política y en los puestos de representación.

Para ello proponemos algunas medidas que ayuden a las mujeres a dar el salto y algunas recomendaciones para aquellas que lo han dado.

En primer lugar, la participación de las mujeres en lo público pasa por adquirir auto confianza, la autoestima es la llave que posibilita a las mujeres acceder al mundo de lo público, convencernos que podemos y estamos preparadas para incorporarnos de lleno a la actividad política, e incluso podríamos confirmar la sospecha que tenían nuestras ancestras, las sufragistas, de que lo haríamos mejor.

Uno de los argumentos utilizados por las sufragistas del siglo XIX para explicar por qué las mujeres debían tener los mismos derechos políticos que los hombres era que ellas desarrollarían una política más pura que los hombres. La presunción de que las mujeres están vacunadas contra los aspectos sucios de la política aún persiste. Además de las altas dosis de autoestima la participación de las mujeres en un mundo tan duro como la política requiere la experiencia de ser aceptada, lo cual refuerza la autoestima en una especie de retroalimentación.

En segundo lugar, la renegociación del contrato familiar, el reparto de las responsabilidades domésticas, la llamada conciliación de la vida personal y profesional, es prioritario para que las mujeres, no tengan que optar o vivir en la esquizofrenia de dos mundos altamente incompatibles.

Ser una de las pocas mujeres con un puesto político relevante otorga a la mujer una gran dosis de autoestima, pero también marca distancia respecto a las otras mujeres que la ven como la excepción. Si queremos que el poder de esas pocas mujeres redunde en beneficio del colectivo mujeres, se hace necesario, como dice Celia Amorós, “tender puentes” entre ellas en forma de redes de mujeres de modo que las unas apoyen a las otras. Las redes de mujeres deben posibilitar trenzar los lazos necesarios entre las políticas y las no políticas, entre las feministas y las no feministas, fomentando la conciencia de género, tan necesaria para cambiar la conciencia de todas. Pero además, las mujeres no estaremos presentes en igual medida en el sistema político, a menos que cambien las reglas de la negociación política. Los experimentos de modificación de las reglas del juego que se han realizado indican también que dicho cambio repercute en la incorporación de un mayor número de mujeres a la política. En Francia, donde el movimiento por la Paridad tiene una trayectoria más larga, ya se están empezando a notar algunos cambios en aquellas instituciones donde la presencia de las mujeres es significativa. Se notan algunos cambios en las prácticas asociadas a la culturas masculinas de los partidos. Las mujeres en el Consejo Municipal de París, por ejemplo, presionaron para que el horario de las reuniones fuera diferente, de manera que todos los representantes políticos pudieran combinar sus responsabilidades domésticas con las políticas. Estamos en un momento clave, talante Zapatero y su batería de legislativa, es hora de que las mujeres organicen estrategias de asalto al poder, como hicieron nuestras antepasadas en la conquista del primero de los derechos políticos de las mujeres, el voto, que no repararon en las consecuencias que tenía su empeño en el seno de sus organizaciones políticas (la lucha por el sufragio femenino conseguía romper en el Estado español la unidad de acción de grupos políticos comprometidos con el cambio social, incluso abriría fisuras en el seno de algunas formaciones.), pero convencidas como estaban de la justicia de su lucha no cejaron en su empeño, tan clarividentes fueron nuestras ancestras que ya en 1885 la sufragista Hubertine Auclert escribió que el voto no bastaría para garantizar la igualdad entre los géneros, y propuso que en el futuro “las asambleas deberían estar compuestas por el mismo número de mujeres que de hombres”. A pesar de que ha llovido mucho desde que nuestra antepasada planteara el tema evidentemente, los datos expuestos con anterioridad reflejan que no hemos conseguido, ni tan siquiera acercarnos a las cuotas de representación masculina cuando menos igualarlas, no obstante, el movimiento feminista que se inscribe en una tradición igualitaria sostiene que no hay democracia política legítima que excluya a la mitad de la población. Y por ello plantea la paridad como un proceso estratégico de lucha contra el monopolio masculino del poder. Como plantea Amelia Varcarcel: una democracia no es verdadera si no es paritaria. No hay ninguna buena razón por la que una mujer haya de ser desestimada en la toma de decisiones en cualquiera de los niveles. Si, sencillamente somos mitad y mitad, esa mitad tiene que ocupar el espectro social completo y las escalas completas de la jerarquía. Las mujeres que actualmente están ocupando puestos de responsabilidad se observan a si mismas como excepciones, lo óptimo es normalizar nuestra presencia en el poder, con lo que significa acabar con la dinámica de excepción.

Aunque las mujeres somos recientes en este mundo, sin embargo estamos cargadas de razones para ocupar el lugar del que nos han desplazado históricamente, estamos avaladas por la legitimidad de una idea democrática de justicia, de profundización de la democracia. Una democracia en la que la mitad de su sociedad no puede ejercer plenamente la ciudadanía tiene un serio déficit de legitimidad. Más de un siglo se adelantaron en la propuesta las sufragistas, más de un siglo, por tanto, de experiencia acumulada por las mujeres que es el momento de poner en práctica, de demostrar y demostrarnos si efectivamente de nuestra tradicional experiencia de no-poder, somos capaces de ofrecer un modelo distinto de sociedad, un modelo distinto de hacer política, con tiempos y espacios nuevos, que den cabida a opciones más igualitarias y democráticas.

El Estado tiene la obligación de promover la igualdad entre mujeres y hombres, así como que la mujer pueda acceder en igualdad de condiciones a los puestos de toma decisión. Sobre nosotras, recae un reto y una responsabilidad, la de crear la nueva genealogía de mujeres políticas un referente óptimo para animar a mujeres de generaciones futuras a participar en política.