Canarias pierde cuatro kilómetros de costa natural al año
Greenpeace alertó este jueves de la situación del litoral canario al presentar su informe Destrucción a Toda Costa 2026, en el que identifica 18 puntos críticos en el archipiélago, sitúa unos 150 kilómetros de costa en riesgo por el avance del mar y la presión humana, y advierte de la pérdida de cuatro kilómetros de costa natural al año por la artificialización del litoral.
Según la organización ecologista, la costa de Canarias sufre una crisis derivada de los efectos combinados del cambio climático y de la ocupación intensiva del territorio. El informe sostiene que la subida del nivel del mar, los temporales y la erosión afectan a un litoral especialmente sensible, al tiempo que denuncia la persistencia de construcciones ilegales en el dominio público y una dinámica de desregulación normativa que, a su juicio, agrava el problema.
Greenpeace enmarca ese diagnóstico en un contexto más amplio de contestación a la Ley de Costas en varias comunidades autónomas, entre ellas Canarias. La organización sostiene que parte del debate público se centra en la defensa de edificaciones o actividades expuestas al mar, cuando, según su tesis, la evolución física del litoral y los efectos del cambio climático obligan a replantear el modelo de ocupación de la costa.
“Quienes señalan a la Ley de Costas como una ‘sentencia de muerte’ para los municipios, deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, declara María José Caballero, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace.
Cuna del Alma, Under Water Garden o Veneguera, en la mira de Greenpeace
Según informe y el mapa publicado en su web, son varios los conflictos concretos que en Canarias ilustran la presión sobre el litoral. Entre ellos menciona el macroproyecto Cuna del Alma, en Adeje, investigado judicialmente por invadir la servidumbre de protección; las protestas por el hotel de La Tejita, por su afección sobre dunas protegidas; la situación del hotel Oliva Beach, en Fuerteventura; o la ampliación del puerto de Corralejo, cuestionada por colectivos ecologistas. También alude a los movimientos de tierra en la playa de Veneguera, en Gran Canaria, y al macropuerto de Fonsalía, que sigue figurando en la planificación portuaria canaria.
La organización incorpora además otros impactos ligados al deterioro ambiental del medio marino. Así, señala la afección de las lluvias torrenciales y los vertidos sobre zonas costeras del sur de Tenerife, la presión sobre la Zona Especial de Conservación Teno-Rasca por el proyecto de Underwater Gardens, el descenso de la biomasa pesquera en la reserva marina del norte de Lanzarote y el daño térmico sobre especies esenciales de macroalgas constatado por la Universidad de La Laguna.
Restauración ambiental en lugar de escolleras
Como alternativa a obras duras como escolleras artificiales, diques o reparaciones periódicas de paseos marítimos, Greenpeace defiende un modelo de adaptación basado en la restauración ambiental, la retirada estratégica de infraestructuras expuestas y la recuperación de la dinámica natural de las playas. En ese sentido, cita como referencias la demolición del hotel abandonado de Añaza para renaturalizar el frente costero, la actuación prevista en Las Caletillas sin recurrir a escolleras y el caso de La Cícer, donde se descartó el vertido de arena artificial tras estudios sobre la propia recuperación natural de los sedimentos.
“La costa canaria se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos. La Administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, añade Caballero en el comunicado difundido con motivo de la presentación del informe.
Entre sus propuestas, Greenpeace reclama priorizar soluciones basadas en la naturaleza, frenar nuevas construcciones en zonas inundables y en los últimos tramos libres de costa, planificar la retirada de infraestructuras especialmente expuestas, favorecer la llegada natural de arena a las playas y orientar la planificación futura del litoral con criterios científicos y no desde el corto plazo político.