Ana de León ejerce el periodismo desde uno de los puntos más calientes del mapa informativo internacional actual. Natural de Puerto del Rosario, y titulada en el grado de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, la joven majorera trabaja desde hace seis años como corresponsal de Agencia EFE en Panamá, cubriendo la información de este país, y del entorno de Centroamérica y el Caribe.
En su entrevista reciente con Fuerteventura Digital, da su mirada sobre la profesión, que en su caso está marcada por el rigor del periodismo de agencia y la experiencia directa sobre el terreno.
Centroamérica en tensión y el peso de las palabras
Durante la entrevista, Ana de León aborda la actualidad convulsa de Centroamérica y el impacto regional de la operación de Estados Unidos que desembocó en la captura de Nicolás Maduro. En ese contexto, explica por qué el lenguaje no es tan importante a la hora de describir la realidad. “Las palabras tienen connotaciones”, recuerda, aludiendo al debate que ha habido sobre cómo llamar a la extracción, captura, detención, o secuestro del presidente venezolano. En el periodismo de agencia, subraya, no se trata de interpretar, sino de describir los hechos con precisión: “Mi responsabilidad es decirte lo que pasa y por qué pasa”.
La intervención estadounidense en Venezuela tiene un precedente en la región que a Ana le toca de cerca. Estados Unidos intervino también militarmente en Panamá, en 1989, para detener al general Manuel Antonio Noriega. “Entraron a Panamá con una gran cantidad de soldados y fue bastante dura y bastante violenta esa intervención”, explica sobre este episodio que dejó centenares de víctimas, y que ha marcado a varias generaciones del país.
Informar desde un nodo clave del comercio mundial
Panamá es también un enclave económico de relevancia mundial, al concentrar en torno al 4 % del tráfico marítimo global, y ser también un país asociado al secreto bancario, del que de León no esconde su nombre: paraíso fiscal; una realidad que los panameños reconoen, dice, porque también está cambiando.
Ser corresponsal, recuerda Ana, implica “una responsabilidad”, al ser el enlace entre lo que ocurre sobre el terreno y una audiencia internacional que necesita contexto, no opinión.
Migración venezolana y memoria compartida con Canarias
Desde un lugar de tránsito migratorio hacia Estados Unidos como es Centroamérica, Ana ha cubierto también el drama de la inmigración. No todo el trabajo es desde la oficina, y alguna vez ha salido a también a trabajar sobre el terreno. América del norte y del sur no están conectadas completamente por carretera, porque entre Colombia y Panamá está la selva del Darién, una de los pasos migratorios más peligrosos del continente. De allí relata una situación que tiene que ver con la desinformación, cuando "la gran mayoría de la gente se informa por TikTok", con anuncios promocionan las propias mafias, y que llevaban a las familias migrantes a jugarse la vida al tratar de cruzar ese enclave.
Es una realidad que además conecta con la historia de Canarias. “Esa gente podía ser yo”, dice al recordar que muchos migrantes le hablaban de abuelos canarios que un día cruzaron el Atlántico en sentido inverso. Porque Venezuela sigue siendo para muchos “la octava isla”.
Experiencia y mirada vital
El recorrido profesional de Ana de León está marcado por la exigencia propia de una agencia de noticias, como es EFE. “Las cosas son”, insiste, y su labor es la de ejercer un periodismo sin adjetivos.
Tras más de seis años en Centroamérica, la compañera se siente cómoda y asentada en Panamá. Le acompaña fuera de cámaras su novio Ángel, y aunque admite que no descarta cambios, y que "el futuro es incierto", quiere seguir ejerciendo su profesión en un lugar que le gusta. La tierra propia llama, así que la opción de volver a casa seguirá siempre ahí.